El cuerpo como pilar para erigir arquitecturas en lugares insospechados

Ventura Pérez recupera “la idea del cuerpo como método para construir” en su proyecto Arquitectura en lugares insospechados. En lugar de emplear cimientos de metal, cemento o piedra, su propuesta usa como pilar el propio cuerpo, “como una columna base desde donde erigir la pieza” y las telas como material de construcción. Arquitecturas-prenda (un pantalón, un kimono, una gabardina) que pueden vestirse pero también ser habitadas, transformándose a partir de tensiones.

En el fondo de esta propuesta de artes plásticas, que el artista vigués está desarrollando en las residencias artísticas del Gaiás, hay varias reflexiones: sobre el cuerpo como territorio, medida y armazón para la arquitectura —y aquí cita las referencias de autores como Richard Sennet en su libro Flesh and Stone o la teoría de las cinco pieles de Hundertwasser— “pero también puede entenderse como una crítica a la propia idea de dónde podemos vivir: la condición más extrema de vivir en nuestro cuerpo, que este sea la estructura para la propia vivienda”.

Cada prenda de ropa, al tensarse, se transforma en un refugio que recuerda a una tienda de campaña. Una idea que conecta con los actuales movimientos sociales y políticos en contra de la precariedad de la vivienda.

La elección de los patrones de las prendas tiene, además, otro sentido: el diseño del pantalón se relaciona con el atuendo de trabajo, mientras el kimono “puede parecer algo más exótico, o de lujo”, explica. Las prendas denotan, así, cierto sentido de clase.

El cuerpo como territorio

La investigación artística de Ventura en relación al cuerpo y a la arquitectura viene de lejos. Comenzó a interesarse por el tema ya en 2015, mientras realizaba el Máster en Investigación y Creación en la Universidade de Vigo, de donde nació una primera pieza “más experimental y abstracta, un cubo con materiales transparentes”. Más adelante, durante su tesis, puso en tela de juicio el territorio como condición para asentar una arquitectura (o una escultura), y de ahí surgió esta idea de llevarla a lugares insospechados y “utilizar el cuerpo como terreno”.

La residencia en el Gaiás está permitiéndole dar continuidad a estas nociones “en un espacio de trabajo amplio y con un soporte económico” que facilita hacer este tipo de instalaciones, “bastante costosas tanto a nivel de trabajo, que lleva mucho hacerlas, como por el elevado precio de este tipo de piezas, con tanta superficie de tela”.

Con todo, “las verticales, las paredes”, fueron una dificultad que tuvo que resolver, porque resulta imposible usar las del propio espacio en la Cidade da Cultura para colocar los enganches y hacer las tensiones. La solución que encontró fue trabajar con soportes de hierro desde el suelo, que va a construir él mismo.

Para la presentación al final de la residencia, Ventura quiere mostrar una instalación de las piezas terminadas con esta estructura de metal, pero también un registro en vídeo y fotografía de cómo se despliegan desde el cuerpo a la arquitectura. En esta parte contará con la colaboración de Suevia Rojo, otra de las artistas residentes, e incluso está valorando la posibilidad de hacer una performance en vivo. “Suevia con los pantalones cerrados, por ejemplo, y luego ella desatándolos y haciendo la tienda de campaña, podría estar bien”.

Espera también que las piezas puedan tener una vida más allá del Gaiás, siempre que haya interés por parte de comisariado o galerías de arte. En este sentido, ha tenido buenas experiencias con esta línea de trabajo, con una exposición en la Casa de las Artes de Vigo (Todos os refuxios, 2025) y en la Galería Nordés.

Santiago de Compostela, 28 de Octubre de 2026