La lápida peregrina sin peregrino

Sombrero, larga túnica adornada con conchas de vieira y bordón en la mano derecha. La figura de un peregrino emerge en relieve en la piedra granítica de la lápida sepulcral que da la bienvenida al visitante a la última etapa de la exposición Camino. El origen, dedicada al Peregrino. Se trata de la conocida como Lauda del peregrino, perteneciente a la colección de lápidas medievales más importante del mundo: la que alberga la villa coruñesa de Noia en la Iglesia de Santa María a Nova. Pero a pesar de su apariencia y de la propia tradición, la lápida del peregrino bien pudo no enterrar a un peregrino. Es más, puede ser incluso que nuestros ojos mientan y no se trate de un peregrino. 

Carniceros, curtidores, sastres, canteros, carpinteros, marineros… En una época en la que la mayor parte de la población no sabía ni leer ni escribir, los sepulcros no llevaban inscrito el nombre del difunto, sino un símbolo que lo identificase: escudos, signos familiares, figuras humanas o incluso instrumentos de diferentes profesiones. 

La tradición cuenta que la lápida del peregrino, fechada hacia el 1.500, pudo pertenecer a un peregrino anónimo que recaló en el Hospital de dentro o Hospital de los peregrinos, edificio que servía de albergue a los peregrinos que iban a Compostela o que venían de allí rumbo a Fisterra. A pesar de parecer la más evidente, esta teoría parece improbable, por lo que una de las opciones más barajadas es que se trata de la lápida de un hombre común que tuvo el deseo de ser enterrado bajo esta figura.

Sin embargo, ¿el peregrino de la lápida puede no ser un peregrino? Así lo aseguran algunas teorías. La ausencia de elementos típicos en la época como la calabaza o el zurrón y la presencia de varios elementos discordantes –un libro en la mano izquierda junto con numerosos instrumentos de trabajo: aixó, machado, compás y escuadra- así lo sugieren. Nuestro peregrino pasaría a ser, pues, un miembro del gremio de carpinteros y canteros del Espíritu Santo. Más concretamente un carpintero de ribeira. Y, probablemente, el cofrade mayor. La túnica de peregrino pasaría a ser así la ropa solemne del cofrade, el bordón sería el bastón ceremonial y el misterioso libro, el libro de ordenanzas del gremio. ¿Y las conchas de vieira? Un recuerdo de sus viajes a Compostela.

Exposiciones
Santiago de Compostela, 09 de Junio de 2015