Mar de Crebas

Conectado con el Land Art, el modernismo de Gaudí o el arte Povera, Mar de Crebas de la artista emergente Alejandra Sampedro explora la idea de huella y memoria como resto arqueológico. Un acto de resistencia donde pequeños fragmentos olvidados funcionan como una posible prolongación del objeto y el sujeto al que pudiese pertenecer. Crebas que guardan la memoria de una vida y de un origen incierto. 

Formado por obra fotográfica y escultórica, Mar de Crebas funciona como una crítica al mundo consumista y al olvido, optando por una actitud de rescate de algo que en un principio fue despojado de todo valor económico. Las piezas escultóricas –compuestas con las crebas o restos que escupe el mar- surgen como una masa informe que pretende cobrar vida, mientras que las fotografías son piezas artísticas que funcionan como elementos de localización geográfica y conceptual.

Esta nueva intervención en las Torres Hejduk tiene un fuerte arraigo en los mitos relacionados con la etnografía gallega y la cultura marinera, centrada en la idea de naufragio provocado por el monstruo marino.

Las redes de colores que cubren las Torres Hejduk emulan el faro viejo de Cabo Silleiro, donde el abuelo de la artista trabajó como farero y donde aparecen muchos recuerdos de la infancia. Un lugar misterioso, lleno de leyendas relacionadas con naufragios y extraños sucesos, además de albergar una vieja batería militar y el antiguo vertedero de Baiona, donde las crebas cerámicas y de porcelana llegan desde orígenes tan dispares como Alemania, Francia, Portugal, China o Galicia, y el mar las devuelve perfectamente pulidas en multitud de formas y colores.

Un viaje al mundo de la pesca y del mar, en un contexto de animales fabulosos y monstruos marinos que llenan de magia el entorno del Gaiás, reforzando sensaciones con la luz instalada en el cuerpo superior de las Torres Hejduk que se encenderá intermitentemente en la noche.