¿Por qué la vieira es el símbolo del peregrino?

El bordón, la calabaza y la vieira. Estos son los tres símbolos del peregrino por excelencia. Mas solo uno identificaba al caminante que, tras alcanzar su meta, regresaba a su lugar de procedencia. Hablamos de la concha, un elemento que con el paso de los siglos se convirtió en símbolo de generosidad, una virtud que, desde el momento en el que se llegaba a final del Camino, debía acompañar al peregrino el resto de sus días.

Con el paso del tiempo, la concha de vieira pasó a ser un símbolo más de la ruta jacobea, un hecho que comenzó a popularizarse a partir del auge de las peregrinaciones en los siglos XI y XII y que puede verse en muchas de las obras que integran la muestra Camino. El origen, en exposición en el Museo Centro Gaiás hasta el próximo 13 de septiembre. De entre todas ellas, quizás la más destacada sea un busto de Santiago procedente de la iglesia de Saint Pierre D’Auch (Francia), realizado en cerámica esmaltada y datado en el siglo XIX, que puede verse en la primera planta del Museo en la parte de la muestra dedicada al Camino.

Pero, ¿qué convirtió a la concha de este molusco en un símbolo del Camino? Existen muy diferentes teorías, mitos y leyendas sobre sus orígenes. La más aceptada es que la concha fue utilizada como un vaso natural perfecto. Los peregrinos que llegaban a Santiago las recogían para beber en los manantiales y ríos en su camino de regreso.

Existen otras teorías más simbólicas que ven en la vieira una estilización de la pata de una oca, símbolo para muchas tradiciones antiguas de reconocimiento iniciático. Y otras incluso apuntan a la vieira como símbolo de Venus, representación del renacer de una persona, su resurrección y, por lo tanto, de la superación de la muerte y también del ego (egoísmo y egocentrismo) para dar paso al auténtico yo (sencillez y humildad).

Por supuesto también existen leyendas vinculadas a los milagros del  Apóstol. Con diversas variantes, la más extendida es la que cuenta que un caballero, mientras paseaba por la playa, vio aproximarse una barca a punto de naufragar. Dispuesto a prestar ayuda a los que serían inevitablemente próximos náufragos, el caballero se dispuso a cabalgar entre las aguas cuando, de repente, una ola gigante lo arrastró hasta el fondo del mar. Viéndose perdido invocó a Dios y, en ese instante, sintió una fuerza sobrenatural que lo enviaba a la superficie arrastrándolo hasta la orilla. Cuando se vio a salvo y en tierra, comprobó que la barca era la que transportaba los restos del Apóstol y que tanto él como su caballo estaban completamente cubiertos de conchas de vieira. La salvación del caballero se consideró un milagro del Apóstol Santiago por lo que, desde ese momento, vieira y Apóstol quedaron unidos para siempre y la concha pasó a ser el símbolo más importante de los peregrinos.

A pesar de todas las suposiciones, lo único cierto es que su origen como símbolo peregrino no está nada clara y que no existe ninguna teoría aceptada al cien por cien. De lo que sí no hay duda es que la venta de estos objetos fue un negocio muy lucrativo en la ciudad de Santiago. En la puerta de Azabachería, donde se asentaron los artesanos, se vendían conchas de plomo, hueso, marfil y metales hermosos. El negocio fue tan próspero que rápidamente fue regulado por la Iglesia –que se quedaba con el 33% de las ganancias- e incluso se llegó a prohibir su venta fuera de Compostela, bajo pena de excomunión.

 

Exposiciones
Santiago de Compostela, 04 de Agosto de 2015
 

Cultura

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